Hasta luego mi amigo Unix


Voy a iniciar la relación entre Unix y yo, lo conocí a escasos meses de vida. Lo traje de la ciudad de Xalapa, Veracruz a la ciudad de México. En mi Chevy Unix se refugio en algún lugar sin hacer ruido sobre todo el camino, Pixel no, todo el camino vino llorando.

Mi Unix era mi pequeño bastión sobre esa realidad tan compleja, era quién me despertaba en las mañanas con un toque en la mejilla y otras veces con un tope como si fuera un pequeño becerro en la cabeza.

Cuando eran tan pequeños los dos apenas estaban en mi pecho. Con el paso de los años obviamente ya no podían estar los dos sobre mi pecho sin caer, y eso fue las primeras peleas entre mis dos pequeños. Uno era un valeroso y otro era un cauto sin juzgar a nadie que llego a la casa, solo era muy cauteloso y se resguardaba en la casa.

Mi Unix eres mi pequeño bebe que cuando llegaba a la casa podía hablarle “Unix dónde estás” y venía a mi. Era ese pequeño ser vivo que mucho tiempo me dio luz. Sé que mi bebe en las mañanas gritaba porque quería comer, y tuve que comprar un comidero más grande para que él fuera feliz.

Extraño tanto a mi pequeño, mi pequeño chivo, mi pequeño que no importara cuando le hablara venía a mi.

Lo que más me duele es pensar en sus horas de angustia, lo encontré muy cerca de su refugio, dónde él se sentía seguro, donde yo falle, porque siempre pensé que a mi pequeño lo vería toda la vida. Y no, lo vi, postrado, cansado, y vencido. Dónde no lo culpo, me culpo, me juzgo, me recrimino, no poder, no haberlo salvado a mi pequeño. Mi pequeño que me seco mis lagrimas, quién me vio y tal vez no me dijo nada y seguí.

Un gatito que cuando había lluvia prefería las gotas, y regresaba y me dacia miau. Un ser vivo tan ser, que siempre me tuvo a flote. De verdad, Unix, te extraño tanto, pensé que vivirías 15 años, que tendría que verte dormir.

Adios, mi bebe, extrañare esas mañanas donde me tocabas con tu patita. esas mañanas dónde me despertabas con tu lengua. Mi pequeño gigante, aun no entiendo qué o quién, te alejo de mi. Sobre todo, me da tanta angustia saber que te falle, que no te pude acompañar al final, darte esa claridad.

Tantas noches tu cuidaste mi resplandor, tu tantas noches, me ayudaste a mi dolor. Mi pequeño bastión. Unix, de verdad no puedo aun descansar. No entiendo. Pero amigo mio, fuiste el mejor, no sé dónde nos veremos, pero cuando sea dejame decirte que te quiero mucho. Hoy tu hermano sigue aquí, y debo seguir por él, tú me pequeño, que me decía miau, lo siento. Falle, eso es por lo menos que mi mente rebusca, me culpo, tengo miedo, tengo culpa, tengo todo menos que tranquilidad.

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